A uno de los albañiles de aquel barrio, por una curiosa malformación craneana, lo habían apodado “cabeza e’cosa” y por supuesto que tal remoquete lo particularizaba en varios kilómetros a la redonda. Junto al infame alias, la disponibilidad para el trabajo, la cordialidad y otros valores propios lo hacían, además de inconfundible, muy apreciado.
El caso es que habiendo quedado el albañil en atender a unas reparaciones menores en la casa de unos vecinos del sector, no se presentó durante la mañana en que se lo esperaba. La señora contratante, extrañada del incumplimiento, ordenó al más pequeño de sus hijos el ir a averiguar en casa de “cabeza e’cosa” acerca de lo que habría sucedido para que aquel no atendiera al compromiso pactado con anterioridad.
Era un sábado extraño de finales de agosto. Hacía rato que el mediodía había pasado, y afuera, el sol estaba que “amansaba locos y partía piedras” por lo cual el niño rechazó de plano la orden materna:
-No voy, hace mucho sol…
-¿Cómo que no va? ¡Usted no se manda, carajo!
- Eso está muy lejos…
- ¡Vaya en la bicicleta!
Venciéndose a sí mismo y recitando improperios por lo bajo, el niño pedaleó con todas sus fuerzas las cuatro cuadras y media de callejones y veredas que lo separaban de su destino. Ni bien llegó a la casa donde el albañil vivía con su madre y sus hermanos, lo asaltó la contrariedad: ¿Cuál es el verdadero nombre de “cabeza e’cosa”?
Temeroso de incurrir en falta, no llamó a la puerta sino que deshizo lo andado. Su madre al verlo llegar preguntó:
-¿Qué te dijo?
- No hablé con él. Ni siquiera toqué la puerta…
-¡Pero, bueno! ¿Y entonces?
-Es que no me acuerdo como se llama él…
- ¡Muchacho bocabierta! ¡Se llama José Tadeo! Vaya a buscarlo pues…
Rabioso, por tercera vez pedaleó las cuatro cuadras y media de callejones y veredas hasta la casa en cuestión. Llegado al sitio, tomó del suelo una piedrecita y tímidamente hizo sonar un barrote del enrejado de la cerca. La amable señora Berta salió al punto:
-¡Buenas tardes mijo! A tu orden…
-Buenas tardes, señora ¿Está José Tadeo?
Entonces creyó morir de la indignación cuando la señora Berta con toda la calma posible respondió tranquilamente:
-No mijo, “cabeza e’cosa” no ha llegado todavía…
Montó por cuarta vez en su bici y llegó a su casa hecho una furia. Ni bien contó lo sucedido todos rieron a carcajadas. Todos, menos él…
CALIXTO GUTIÉRREZ AGUILAR
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