sábado, 3 de octubre de 2026

Pedrito y la bruja…

Pedrito hacía de todo cuanto podía para contribuir con la economía de su hogar pese a haber nacido con una clarísima discapacidad cognitiva. Ayudaba a los vecinos en tareas pequeñas, caleteaba el pescado desde la orilla de la playa, barría el bulevar o, eventualmente, hacía de empacador de las compras en el único supermercado de su localidad portuaria.

Su evidente retraso mental no le era impedimento para trabajar. Inclusive, en algunas ocasiones le servía como argumento de defensa para evitar regaños o para frenar algún posible abuso de autoridad. Pues él, advertía:

¡Mirá que yo soy especial!

Pedrito era – o sigue siendo- muy enamoradizo. Y ese carácter lo manifestaba al ir por ahí solicitando besos a las muchachas casamenteras o a cualquier dama que le resultara atractiva. Así, sin más:

¡Mirá, dame un besito!

Trabajando en el supermercado, conoció a una muchacha que le daba buen trato e iba  siempre “de buenas migas” con él pues la muchacha le mostraba cariño y comprensión. Por supuesto, también a ella le insistía:

 ¡Mirá, dame un besito!

Bueno, así las cosas, durante un carnaval, resultó que la muchacha en cuestión entró al supermercado ataviada como una bruja de esas de Disney. La impresión de Pedrito fue mayúscula pero simpática. Comenzó a solicitarle hechizos y conjuros a los que la muchacha respondía con giros explicativos de la imposibilidad. La joven se excusaba en que tales acciones podrían resultar peligrosas.

Entonces Pedrito tuvo una idea: qué tal si ella lo hacía desaparecer por unos instantes, y luego  lo restablecía haciéndolo aparecer. Complaciente, nuestra joven hechicera se puso a ello.

Con su mano derecha dibujaba círculos en el aire y, acto seguido, extendió el índice hacia el temerario joven:

-Abracadabra, pata de cabra… ¡Que desaparezca Pedrito!

Y entonces, el señalado muchacho se acuclilló rápidamente tras el mostrador donde trabajaba, muy seguro de que había quedado invisible por unos instantes. A no mucho de encontrarse en aquella posición y urgido por sus responsabilidades laborales, suplicó:

-¡Hey, muchacha, apareceme otra vez!

Ante esto, la joven bruja, revirtió el hechizo:

-Abracadabra, pata de cabra… ¡Que aparezca Pedrito!

Y por la eficacia del conjuro, Pedrito se levantó para mostrarse al público que lo recibió con aplausos.

A partir de entonces, aquello de aparecerlo y desaparecerlo se volvió rutinario entre ellos cada vez que la muchacha entraba al supermercado y Pedrito se encontraba empacando las compras.

En cierta ocasión, y manifestando un inocultable apuro, la pretendida bruja llegó al supermercado con apenas tiempo que perder. Pedrito, que estaba a la puerta, ni bien la vio entrar le suplicó:

-¡Hey, muchacha! Despareceme…

La joven, apenas pendiente de lo que hacía en vista de su premura, hizo rápidamente el gesto habitual y pronunció el conjuro:

-Abracadabra, pata de cabra… ¡Que desaparezca Pedrito!

Paseándose entre anaqueles, la joven recibió una llamada en su teléfono móvil celular y de su casa le conminaban a regresar.

A grandes zancadas salió del supermercado y ni bien alcanzó la calle, Pedrito, víctima de gran contrariedad le gritó:

-¡Hey, muchacha! Apareceme otra vez, que después mi mama no me encuentra y se preocupa!

Entonces la muchacha se paró en seco, contuvo la risa, revirtió una vez más el hechizo y aprovechó para explicarle a Pedrito, una vez restablecido, que con la magia no se juega…

CALIXTO GUTIÉRREZ AGUILAR