domingo, 5 de marzo de 2017

Por la calle Sucre...

Dedicado a Fray Nelson Sandoval Zambrano…

Pedro Luís iba a su pueblo y cada lunes muy temprano volvía a la ciudad. Para ir a la parada del transporte colectivo salía  de su casa por la calle Sucre o bien por la calle Bolívar. Ésta última siempre le resultó más atractiva. Un lunes cualquiera, cuando apenas amanecía, salió y encontróse con Doña Isabelita quien a esas horas barría el tramo de calle frente a su casa.
-¡Buenos días, señora Isabelita!
-¡Buenos días, mijo!
La anciana dejó su mano izquierda apoyada en el palo de la escoba e hizo con la derecha una visera, luego preguntó:
-¿Y tú quién eres?
-¡Soy Pedro Luís! El de Jacinto y María Teresa…
-Gusto en verte de nuevo mijo, saludos por tu casa…Y le dio la espalda para seguir barriendo.
Pasados quince días, aquí va Pedro Luís  por la misma calle camino de la parada a la misma hora y coincide con la misma señora puesta en el mismo oficio:
-¡Buenos días, señora  Isabelita!
-¡Buenos días, mijo!
Y la anciana dejando su mano izquierda apoyada en el palo de la escoba y haciendo con la derecha una visera, preguntó:
-¿Y tú quién eres?
-¡Soy Pedro Luís! El de Jacinto y María Teresa…
-Gusto en verte de nuevo mijo, saludos por tu casa… Y el joven contrariado por la rapidez del olvido de la señora, le dijo adiós con la mano aun cuando ella ya  le había dado la espalda.
Quien iba a decirte, querido lector, que el tan extraño suceso tuvo lugar una tercera, una cuarta y una quinta vez. Por ello Pedro Luis resolvió gastarle una broma a la señora en su sexto encuentro:
-¡Buenos días, señora  Isabelita!
-¡Buenos días, mijo!
Y la anciana repitió sus gestos y la ya acostumbrada pregunta:
-¿Y tú quién eres?
Rápido, Pedro Luís contestó:
¡Soy el hijo de Jorge Negrete y María Félix!
Indignada, la vieja chilló:
¿Siiiiiiiiii? ¡Desgraciado! ¡Le voy a decir a Jacinto y a María Teresa que los estás negando por la calle!

…Y desde entonces, Pedro Luis caminó por la calle Sucre.

CALIXTO GUTIERREZ AGUILAR



miércoles, 7 de diciembre de 2016

ALPHA...

Cuando llegaron al auditórium, ella fue abordada por mucha gente que la saludaba. A él, en cambio, era preciso presentarlo a cada paso. Como de costumbre, el acto tardaba en comenzar  y  ella se dio a departir amablemente. Pedía opiniones, argüía; reía, asentía, negaba, aceptaba, refutaba…

Al iniciarse la conferencia ella tomo asiento y él la rodeó tiernamente con su brazo.

La exposición de argumentos avanzaba pesadamente y él tomó con delicadeza la mano de ella para depositarle un suave beso que la enterneció todavía más.

Cuando ya se aproximaban a  las conclusiones, él susurró algo al oído de ella que la hizo ruborizar un poco. Cuando ella giró la cabeza para mirarlo,  él le planto un besito furtivo en los labios: rápido, sin ruido, pícaro… y ella  se ruborizó al notar que varios en la sala lo habíamos visto.

Al término del acto, él sostenía su mano entrelazando los dedos de ella. Todos notamos que eran “algo”
Se marcharon.

Una vez traspuesto el umbral de la casa ella vino a enlazar sus brazos al cuello de él. Displicente, él deshizo el lazo. Con aire casi insolente esquivo el beso que ella le ofreciera.

Ya estaban en casa, ya no tenía que dejar claro a nadie que ella era suya…
CALIXTO GUTIERREZ AGUILAR
DICIEMBRE/2016


sábado, 5 de noviembre de 2016

Apolo en el huerto…

A Angélica Guevara Alcalá, alma de este relato.

Tras el almuerzo, la muchacha huye del bochorno y de la fuerza canicular  buscando el amparo del huerto. Entre árboles y arbustos recrea escenas pastoriles acaso o construye imaginarios edenes en los cuales establecerse como solitaria hurí.
Habitado por mil cositas que se mueven, “Apolo” se solaza en la grata y silenciosa compañía de la muchacha que lo mira. Aburrido -como es común entre los de su especie- intenta de cuando en cuando atrapar moscas al vuelo y hace sonar sus dientes con chasquidos de trampa frustrada. 
Las moscas victoriosas vuelven sobre el hocico de “Apolo” y él se sacude violento y burlado.

Cambia de lugar, se tiende a la sombra; de nuevo se yergue, y ahora tiene la expresión de haber comprendido por fin cómo se debe atrapar una mosca en vuelo. Lo intenta una vez más y vuelve a fracasar.
La muchacha, que sigue atenta la conducta de “Apolo”, sonríe. Ella piensa. ¡Tú dedícate a ladrar haciendo ver que cuidas la casa! ¡Pues como matamoscas no sirves!

Y “Apolo” se aquieta, dormita y sueña entre escenas pastoriles o imaginarios edenes…
CALIXTO GUTIERREZ AGUILAR

NOVIEMBRE/2016

lunes, 31 de octubre de 2016

Breve relato vespertino…


Al llegar a casa, el hombre cansado pensó en escribir una historia titulada con el nombre de la muchacha. Desistió rápidamente al concluir que ella podría leerla, enterarse de todo, y asustarse. Sentado a la orilla de la cama se deshizo de la camisa y soltó las trenzas de sus zapatos. Una vez descalzo, procedió a quitarse los calcetines y luego se quedó con ambas manos puestas sobre las rodillas.
Ceñifruncido, el hombre pensó en la muchacha y calculó los años que lo separaban de ella. Sin mudar su ademán, exclamó: ¡Bien podría ser mi hija!
Se rindió a su propio peso y se dejó caer de espaldas sobre la cama con los brazos abiertos. Pensó de nuevo en la muchacha, recordó que podría ser su hija y entonces, para que nadie (ni siquiera él mismo) lo oyera, siguió pensando: ¡Bien podría ser mi hija! ¡Pero no lo es!
Y con esta última conclusión, el hombre, sonriente, se quedó dormido…
CALIXTO GUTIERREZ AGUILAR

viernes, 14 de octubre de 2016

Becky...

A Roraima Colina Bravo

Te miro dormir y me complace. No me gusta llamar a nadie cuando duerme, me parece de mal gusto. Al fin te despiertas y parsimoniosa te estiras cuanto puedes. Me encanta esa expresión tuya cuando te estiras. Me maravilla tu capacidad de elongación.

Vienes a mí, te rozas conmigo y comienzas a alejarte a pesar de que ahora si te llamo: ¡Rebeca! ¡Becky! ¡Ven!

Tú igual te alejas a pasos lentos, con ese andar tuyo que yo no sabría describir.

Y yo insisto: ¡Rebeca! ¡Becky! ¡Ven!

Apenas tengo tiempo para ver cómo te acercas a la ventana  y saltas... hacia el jardín.

Y me digo: los gatos son una vaina seria…

CALIXTO GUTIERREZ AGUILAR
14/10/2016

viernes, 8 de julio de 2016

Él, oía voces…

Venía oteando el horizonte desde la popa del Leander.  Recordaba los clamores en una lengua que no era la suya: Liberté, égalité, fraternité... Deseaba ardientemente realizar el ideal de los clamores en su propia tierra, una tierra “nueva” donde estaba todo por hacerse. Miraba al mástil y sonreía contemplando el tricolor. Ahora sí, esta vez sí llegaría.

Puertos e islas se sucedían en su imaginación afiebrada: Londres, Nueva York, Jacmel, Aruba. Recordó la fatídica noche de Ocumare y prosiguió: Bonaire, Granada, Barbados, Trinidad. Ahora sí, esta vez sí llegaría…
Saltó a tierra. Llevaba el tricolor  al hombro como arma en descanso y creía escuchar ya los clamores en su propia lengua: Libertad, igualdad, fraternidad.
Habiendo dejado el Puerto Real se encaminaron a la ciudad. Se sentía Josué en su avanzada libertaria. También él habría de tomar  parte en el derribo de nuevas murallas…

La ciudad estaba sola. La ciudad dormía.
Muchos días estuvo tocándola al hombro, llamándola por su nombre, intentando despertarla con promesas de libertad, igualdad y fraternidad; ella como un muchacho renuente no despertaba. Pensó en su Leandro, el hijo. Se amargó pero no lloró.
Entonces, Miranda dejó quieta  a Coro, y se fue…
Calixto Gutiérrez Aguilar.

miércoles, 8 de julio de 2015

Cuento triste…




I
Rodeando la mesa de la cocina sorbían el café de sus pocillos las tres mujeres mientras hablaban con voces casi apagadas conteniendo las lágrimas y el miedo. La comadre, invitada por sí misma rompió el prolongado silencio en el que tras muchas conclusiones habían caído:

 -Te lo van a matar comadre, te lo van a matar. No será hoy o mañana, pero te lo van a matar…

Ella lo sabía, al fin y al cabo las madres siempre saben de esas cosas. Con un sorbo de café se tragó también el nudo de la garganta y miró a la joven nuera embarazada que desde hacía un par de años vivía con ella.
Una criaturita que se desperezaba llegó a la cocina solicitando atenciones y así puso fin a la reunión…

II
-¡Hay una mala atmosfera. Alguna vaina mala va a pasar!- rezongó la vieja regordeta sentada en el porche de la casa. La hija, santiguándose ripostó: ¡María Purísima! No digas eso mamá que me da miedo.

-No seas pendeja mijita. Todo te da miedo- repuso la doña mientras bebía su café y miraba hacia el camino que une a su casa con la carretera.

-Anoche andaban tres hombres que no son de por aquí. Uno me preguntó que si sabía dónde vendían cigarros. Yo le dije que fueran para que Juanita… Me parecieron raros- dijo la hija.

-¿Viste? No son vainas mías. Algo malo va a pasar  -insistió la vieja-

III
-Bueno, yo lo único que supe fue que se metieron tres tipos en su casa, le cayeron a coñazos y se lo llevaron- dijo el señor de la bodega detrás del mostrador.

-Parece que hasta desnudo se lo llevaron- opinó un paisano. -¡No, el hermano le tiró un pantalón para que se lo pusiera- aclaró una señora.

-Ese muchacho hace tiempo que andaba buscándose una mala hora- sentenció el señor de la bodega.

-Por ahí aparecerá muerto, no les extrañe- afirmó con aire resignado el mismo paisano. –¡Ya verán!-


Y cayó la tarde y vino la noche, y en una humilde vivienda llena de gente y de miedo, de lástima y resignación; una mujer lloraba a gritos la pérdida del hijo que ya estaba perdido antes de morir, mientras en otra casa una vecina decía a su hija:

-Te lo dije esta mañana: una vaina mala iba a pasar-


CALIXTO GUTIERREZ AGUILAR
(Inspirado en un hecho noticioso de marzo de 2015)