miércoles, 24 de julio de 2019

ELISEO…


La ciudad estaba alarmada. La ciudad era toda tensión en la calma del presagio.
Era grande la tensión, era pequeña la ciudad.
En el viejo hospital, cerca de la Ermita de san Nicolás, casi al frente de aquel palacete donde un cura  soñaba que ceñía sus sienes la mitra episcopal; Eliseo convalecía.
Era grande la tensión, era pequeña la ciudad. Eran las tres de la tarde
Eliseo convalecía. En la puerta un par de agentes, bajo la almohada el revólver.
Nada sabía el director de aquel albañil que vistiendo un overol pasó con una escalera al hombro frente a la oficina como si fuera hacia la salida.
Nada había que temer, Eliseo, en la puerta un par de agentes y bajo la almohada el revólver.
Uno, dos, tres…
Y los agentes que entran y Eliseo que está muerto. Y una escalera apoyada sobre la ventana, un overol en la calle y el revólver muy lejos, bajo la almohada...
¿Habrá sido Juan Bautista?
Y la pregunta sigue rebotando como eco interminable contra las paredes del viejo edificio Antonio Smith…


lunes, 25 de febrero de 2019

CUESTA ABAJO… (Re-escrito)


Cuando se hizo el mediodía la señorita Cornelia comprendió que Jacinto no aparecería a su cita. Con este sumaban dos los domingos que Jacinto faltaba a su encuentro semanal, algo imperdonable para un novio después de diecisiete años de compromiso. Pensaba en cuanta razón tenía su difunta madrecita cuando le aconsejó que tal vez  no fuera buena idea eso de ponerse de novia con un telegrafista amigo de lupanares y de quien se decía, que había adquirido en la capital la mala costumbre de frecuentar “casas de mancebía”
Decidida a romper con él, la señorita Cornelia se fue hasta el cuarto de su madre para hurgar entre viejos arcones y gavetas a fin de recaudar todos los cromos y postales, recuerdos, fotos y tarjetas,  que había recibido de Jacinto como muestras de un amor que no concretaba su ascenso al altar, pero que sí pretendía frecuentemente deslizarse hasta el tálamo, cosa esta que si no había sucedido hasta ahora se debía al empeño puesto por la señorita Cornelia en defensa de su honra y virtud. Pero ahora, el rompimiento sería definitivo.

Cuesta abajo el descenso de Jacinto fue inevitable. Cirrótico y “confortado con los auxilios celestiales” murió envuelto -a falta de olor de santidad- en un vaho de ron justo en el trigésimo noveno aniversario de la muerte de su novia; quien falleció debido a múltiples  complicaciones  por la mordedura de un ciempiés que se ocultaba al fondo de un viejo baúl donde ella buscaba quién sabe qué cosa la tarde de un domingo cualquiera…

viernes, 22 de febrero de 2019

PRÓCER


Hace muchas décadas que la estatua  del héroe está ahí en el centro de la plaza homónima coronada de laureles y leyendas mirando al Sur y de espaldas al mar.
Envuelto en vaporosa capa de bronce y hazañas mira hacia la Casa de Gobierno. De pie, egregio sobre mármoles y victorias, se ve sereno y solemne.
Rápida y temerosa, ayer, una avecilla que se le había posado alzó el vuelo No es cosa buena asustar a un pájaro.
Hoy, qué triste se ve el prócer con su lagrimita de mierda seca…
CALIXTO GUTIERREZ AGUILAR
Febrero 2019

martes, 29 de enero de 2019

THAT'S ALL


-Aclaremos esto  ¿No es cierto que me ves? ¿Qué me escuchas? ¿Qué hablas conmigo?
-Pues según lo que dice mi madre, no… -respondió el niño-
Y entonces el fantasma no se volvió a aparecer…

CALIXTO GUTIERREZ AGUILAR

jueves, 13 de diciembre de 2018

QUIQUE…



Apenas amanece y Ella camina hacia la cocina. Parece  como si todo el peso de sus años se hubiera acumulado en sus pantuflas durante la noche anterior. A su paso, va trabajando el piso con la lentitud y paciencia de un maestro carpintero. Sonríe pensando en que tal vez de un momento a otro, alguien desde alguna de las habitaciones que aún permanecen cerradas gritará: ¡Coño! ¡Levanta los pies!
Presiente que ya él, vuelto de alguna de sus habituales correrías nocturnas, estará esperándola en la cocina puesto a la mesa. No se equivoca, allí está cuando ella enciende la luz. Por supuesto, él entrecierra los ojos para defender su vista del ataque incandescente de la bombilla. Ella, consciente de que no debe esperar respuestas de él, comienza el soliloquio de chismes, reproches y noticias con que cada mañana inician el día allí en la intimidad de la cocina, mientras se cuela el café y se decide el almuerzo.
-¡Ayer vino el muchachito ese otra vez! Para mí que está enamorado de Ángela.
- El Apamate está florecido como nunca ¿viste el suelo esterado de flores?
-Este café  no es café de verdad. Sabe raro…
-Julio César el de Ramona se va para Ecuador…
Ella enciende la radio, baja el volume. Se acerca a la mesa con su taza de café, toma asiento. Él se levanta y se dirige hacia ella y con suavidad, casi que con lujuria, se frota la  cara en las manos de ella. Ella le nota una pequeña herida cerca del ojo derecho, le agarra la cabeza con las dos manos y lo besa en ese pequeño espacio que se forma entre las dos orejas de él, luego lo interroga:
¡Quique! ¿Por qué no puedes ser solo un buen gato casero?
Pero Quique se suelta y sale al patio, donde el Apamate ha florecido como nunca antes y se puede dormir en el suelo esterado de flores.
CALIXTO GUTIERREZ AGUILAR
Diciembre de 2018

sábado, 1 de diciembre de 2018

NEVER…


Cuando terminaron todas las exposiciones y los argumentos el juez concedió a la audiencia tres horas de receso para deliberar.
El joven Alfredo de traje y corbata lucía mínimo, caricaturesco; las manos esposadas no le sentaban bien definitivamente. La nariz enrojecida a causa del continuo llanto de las últimas horas le acentuaba el  aspecto infantil que pese a sus veintiún años conservaba todavía.
Volvió el juez, y lo condenó a veintinueve años de cárcel no sin antes espetarle: que cada día de cada uno de los años por venir le sirvan para valorar en justa medida el daño que ha causado al desgajar tan cruelmente a una familia que lo recibió en su seno y que lo acogió  como a otro hijo. Que cada día de los años que pasará en presidio lo invierta en recordar su irresponsabilidad. Y recuerde siempre que si he usado de benevolencia con usted, ha sido a causa de la petición elevada por los padres de la víctima, a quienes usted debía venerar como a celestiales benefactores…
Don Hernán Belaunde sentado frente al televisor lloraba en silencio al conmemorar un nuevo aniversario de la muerte de su hijo. Traía a su memoria todas las dolorosas circunstancias que rodearon el caso: el día en que los muchachos se fueron a la casa de la playa, la llamada de madrugada, el velorio, la detención de Alfredo, el entierro de Hernán David, el juicio, la muerte de Carmencita…
II
-No te preocupes ahora por eso Alfredo, esta sigue siendo tu casa… ¿A dónde ibas a venir sino aquí?
Don Hernán y Alfredo se abrazaron en el umbral.
El viejo lo puso al día de lo acontecido a lo largo de los últimos diecisiete años y mientras cenaban le dijo: ¿Recuerdas que yo les contaba a ustedes que allá en la casa de “El Confín” había oro enterrado desde la época de La Independencia? ¡Pues creo que lo encontré! ¡Mañana de madrugada nos vamos!
III
Cerca de las dos de la tarde llegaron sudorosos y agotados al pie del cerro de El Confín. Buscaron la sombra de un arbusto casi sin hojas y allí bajo aquel remedo de oasis tomaron agua de sus cantimploras. El silencio atormentaba. La canícula había hecho callar aun a las cigarras. Don Hernán señaló a poca distancia un montículo de tierra recién excavada y los ojos de Alfredo se abrieron atónitos…
-¿Ya habías estado viniendo? ¿Viniste solo? ¿Quién más lo sabe?
A todo respondió Don Hernán, indicándole además que había llegado a una cierta profundidad donde se había topado con una superficie de madera que suponía la cubierta de algún baúl. Dos baúles más bien, para ser exactos. Le explicó que el hecho de que hubiera salido de la cárcel antes de la fecha que dictaba la sentencia le había venido de maravillas porque había comprendido que él solo no podría hacerse con el botín por el esfuerzo y trabajo que aquello requería.
Caminaron hasta el borde del hueco y Don Hernán se fue hasta unas piedras sin marca aparente de dónde sacó una pala. Alfredo, se apresuró y tomó la pala antes de descolgarse. Tanteó el fondo hincando la pala y se volteó a mirar a Don Hernán:
¡No encuentro nada!
Impasible, Don Hernán lo miraba desde afuera mientras sostenía con firmeza el revolver…
¡Yo nunca pude perdonarte, Alfredo! ¡Nunca!
CALIXTO GUTIÉRREZ AGUILAR
Diciembre/2018



jueves, 22 de noviembre de 2018

INIMAGINABLE


Después de cenar se duchó y se puso el pijama. 

Volvió al escritorio y abrió el cartapacio donde iba escribiendo lo que la imaginación le dictaba. 
Un instante después constató lo inimaginable: había dejado de imaginar.
Entonces escribió: el hombre que no imagina, muere.
Y doblado sobre el escritorio lo hallaron a la mañana siguiente.
¡Quien lo hubiera imaginado!



CALIXTO GUTIÉRREZ AGUILAR. 
Noviembre 2018